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Los invictos

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Por Patricio Montesinos

El actual régimen de EE.UU. no quiere comprender, como le ocurrió a una decena de sus predecesores, que el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, y el General de Ejército, Raúl Castro, nacieron para vencer y no para ser vencidos.

Desde muy jóvenes y el inicio de sus luchas guerrilleras por la verdadera soberanía de la isla caribeña, los hermanos de sangre y convicciones no pudieron ser derrotados, y cuando tuvieron algún revés lo convirtieron en victoria. 

Enfrentaron y derrocaron a las poderosas tropas del dictador Fulgencio Batista, financiadas por Washington, y luego del mismo triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, dieron al traste con cuanta agresión fue orquestada en territorio de EE.UU.

Destacan las victorias en la invasión mercenaria de Girón, en 1961, la Crisis de Octubre, en 1962, y la lucha solidaria que dirigieron y protagonizaron junto a miles de sus compatriotas en defensa de las causas justas en África, las cuales condujeron a la independencia de Angola y Namibia, y el fin del Apartheid en Sudáfrica.
      
Ejemplos de los triunfos del Fidel y Raúl durante casi siete décadas frente al imperio del norte son innumerables, no solo en el campo militar, sino también en los político y diplomático.

El cruel bloqueo impuesto por EE.UU. a Cuba, a principios de la década de los años 60 de la pasada centuria, nunca ha conseguido rendir a los habitantes de la isla, confiados siempre en los invictos Fidel y Raúl.

La comunidad internacional ha reiterado su condena en todos los foros globales, incluida la Asamblea General de la ONU, a esa política criminal de Washington que ha tenido el único propósito asfixiar al decano archipiélago caribeño. 

Hoy, la administración del mandatario Donald Trump arrecia el cerco con un bloqueo energético total, amenaza al mismo tiempo con una invasión castrense a Cuba y pretende enjuiciar al General de Ejército.

Trump y el anticubano secretario de Estado, Marco Rubio, realmente no conocen al pueblo de la mayor de las Antillas, que está presto a repeler cualquier acción contra Raúl.

Se equivocan si planean repetir una eventual operación como la que perpetraron en Venezuela recientemente, porque de seguro recibirán una respuesta contundente. 

No tengan duda de ello. Cuba es Cuba, Raúl es Raúl y Fidel es Fidel.  A los invictos se respetan.           

La mitomanía, otra arma de guerra de EE.UU. contra Cuba

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Por Patricio Montesinos

Arreciado bloqueo, cerco petrolero, amenazas de agresión militar y una guerra psicológica sin precedentes, basada en continuas mentiras, protagoniza el actual régimen de EE.UU. con la intención de destruir a la Revolución cubana.  

Washington ya no sabe que hacer para asfixiar a la isla caribeña y destronar a su gobierno, un sueño convertido en pesadilla que ha enloquecido durante casi siete décadas a sucesivas administraciones de la Casa Blanca.

La mitomanía psicópata, utilizando a los medios de prensa occidentales y a las redes sociales, es hoy una de las armas principales del régimen del mandatario Donald Trump dirigida a justificar una eventual embestida castrense contra la mayor de las Antillas.

Diariamente son numerosas las informaciones falsas sobre Cuba con el propósito de hacer creer que esa pequeña nación es un peligro para EE.UU., y por tanto debe ser intervenida por el imperio decadente del norte brutal y revuelto.

Además de las penurias que les provoca el intensificado bloqueo y el cerco petrolero a los cubanos, Washington con falsas noticias e intimidaciones persigue desestabilizarlos y crear un ambiente de caos propicio para acciones subversivas.

Pero los habitantes de la isla han demostrado históricamente que tienen una capacidad de resistencia única, y con el respaldo solidario de millones de personas en el mundo lograrán una vez más vencer a sus enemigos. 

Vale recordarles a quienes apuestan por el uso de la fuerza que la mayor de las Antillas está muy cerca geográficamente del territorio de EE.UU., y su pueblo nunca se ha cruzado de brazos. A buen entendedor con pocas palabras bastan.

Más de 6 millones de hombres y mujeres del decano archipiélago del Caribe firmaron recientemente estar prestos a defender a su patria, la del Héroe Nacional, José Martí, y la de su eterno Comandante en Jefe, Fidel Castro. 

Como bien reiteró Fidel, si Washington se atreve a atacar a Cuba, la respuesta será contundente, y la guerra muy larga, con costos elevados en vidas humanas. 

El presidente Miguel Díaz-Canel ha recalcado esa disposición de sus compatriotas ante una posible invasión estadounidense.

Díaz-Canel ha subrayado de igual manera que su país no constituye una amenaza para nadie, y aboga por el diálogo y la paz, pero defenderá su soberanía e independencia al precio que sea necesario. 

Un buen consejo a Trump y sus súbditos: dejen de mentir, abandonen su hostilidad y apuesten por la coexistencia pacífica y la buena vecindad, porque de lo contrario tendrán un nuevo Girón.          

China sentó a Trump en Beijing, y Cuba al jefe de la CIA en La Habana

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Por Patricio Montesinos

Dos relevantes e históricos acontecimientos se escenificaron en los últimos días en el mundo: el encuentro en Beijing del presidente de China, Xi Jinping, con su homólogo de EE.UU., Donald Trump, y una reunión en La Habana entre el jefe de la Agencia Central Inteligencia (CIA), John Raccliffe, y altos cargos del Ministerio del Interior cubano. 

Ambas citas suscitaron la atención de diferentes medios periodísticos, de grandes emporios mediáticos, y de expertos y analistas políticos, mientras las redes sociales se inundaron de opiniones de todo tipo.   

Los representantes estadounidenses, Trump y Raccliffe, viajaron curiosamente a dos países comunistas a los que Washington siempre ha considerado sus adversarios, lo que evidentemente constituyen hechos trascendentales.   

El actual inquilino de la Casa Blanca realizó su primera visita de Estado al gigante asiático en busca de lograr respaldo para conseguir que EE.UU. salga del pantano en el que está inmerso por su marcada hostilidad, y su cada vez mayor aislamiento global.

Por supuesto que sus anfitriones, encabezados por el mandatario Xi, le pusieron líneas rojas al ocupante del Despacho Oval y a su delegación, aunque lo hicieron con colorido y la alta diplomacia característica de China.

A pesar de adivinanzas de la prensa y las especulaciones de unos y otros expertos, poco trascendió de los resultados de esa visita, sin embargo, quedó claro que Washington no tiene otra opción que comportarse debidamente ante la nación que es hoy la más poderosa económicamente del planeta.

Casi al unísono sorprendió a todos la llegada por primera vez a La Habana de un jefe de la CIA, en momentos en que EE.UU. amenaza con una eventual agresión militar a la isla caribeña, y le arrecia el bloqueo que le impone desde hace casi siete décadas.

Enemigos acérrimos repiten como papagayos que el viaje de Raccliffe constituye el puntillazo final para destronar al gobierno de la mayor de las Antillas, y poner fin a su Revolución nacida el 1 de enero de 1959.

Pero una vez más, y haciendo comparaciones que no vienen al caso, omiten intencionadamente que los cubanos llevan luchando contra la CIA y sus acciones hostiles desde el mismo comienzo de su proceso revolucionario.

También obvian que Cuba ha burlado y vencido en innumerables ocasiones a la principal agencia de inteligencia estadounidense, y Washington lo sabe muy bien. 

El propio secretario de Estado Marco Rubio, anticubano hasta la médula y quien es calificado por algunos un halcón de Trump, ha tenido que reconocer que los servicios secretos del decano archipiélago del Caribe figuran entre los más fuertes del mundo.

En los recientes encuentros de Beijing y de La Habana de seguro las autoridades del gigante asiático y de la isla caribeña esclarecieron a sus huéspedes que continuarán abogando por el dialogo, la colaboración y la paz, pero al mismo tiempo están preparadas junto a sus pueblos para enfrentar cualquier supuesta agresión.       

Mensaje diplomático pero muy claro de China a EE.UU.

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Por Patricio Montesinos 

Quizás el presidente de China, Xi Jinping, sea el único jefe de gobierno del mundo o uno de los muy pocos que no haya recibido en la escalerilla del avión a mandatarios de turno del régimen de EE.UU., a sus llegadas a capitales en visitas de Estado. 

Xi lo hizo ante el arribo la víspera a Beijing del dictador de Washington Donald Trump, quien fue sorprendido por el claro mensaje contenido en la no presencia en el aeropuerto del máximo dignatario del poderoso gigante asiático.

Analistas y medios de prensa calificaron ese hecho, prácticamente inédito, como una acción de fortaleza ante el prepotente actual inquilino de la Casa Blanca, y de demostración de que China es hoy la primera superpotencia económica internacional, solo seguida por Rusia.

Los expertos coincidieron en que Trump tuvo que acudir ante Xi en busca de apoyo para intentar salir del atolladero en que se encuentra EE.UU. por su guerra casi perdida frente a Irán, y la compleja situación interna en su país que le ha generado esa beligerancia, y otras tantas actuaciones violentas como el apoyo a Israel en el genocidio perpetrado por los sionistas contra los pueblos palestinos y libanes.   

Las mismas fuentes concordaron en que Trump con su visita buscó un acontecimiento de impacto que le permita mejorar su deteriorada imagen global, y entre la mayoría de sus coterráneos, muy molestos por su gestión económica doméstica y la confrontación con Irán.

Recordemos que el ocupante del Despacho Oval y su partido Republicano tendrán que enfrentar en noviembre venidero las elecciones de medio tiempo, para las cuales los augurios son nada halagüeños para ellos, y sí favorables para sus contrincantes demócratas, acorde con diversas encuestas.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, a quien algunos consideran uno de los principales halcones de Washington, tuvo que admitir que China representa el principal desafío geopolítico para el imperio del norte brutal y revuelto, ya en fase terminal desde hace algún tiempo.

Asimismo, reconoció que la relación entre ambos países deberá ser administrada para evitar conflictos y preservar la estabilidad mundial, y más le vale, opinan los analistas políticos.  

A no pocos de esos expertos les llamó la atención las declaraciones de bajo tono del arrogante jefe de la diplomacia de la Casa Blanca, quien junto a su mandatario continuamente amenazan, chantajean, bloquean y sancionan a naciones, e incluso hablan de anexarse territorios soberanos e independientes.  

Pero, por supuesto, con el gigante asiático tienen que llamarse a capitulo, e inclinarse ante sus autoridades porque carecen de otra opción. 

La reciente estancia de Trump en Beijing marcó el nacimiento de una nueva era, la de un mundo multipolar con China y Rusia a la cabeza, y la muerte definitiva del dominio unipolar de EE.UU., concluyen los observadores.   

El villano diabólico

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Por Patricio Montesinos

Me niego a mencionar su nombre y a publicar su imagen en esta nota porque la mayoría de los habitantes del mundo están hartos de ver su prepotencia, escuchar sus locuras, amenazas, intimidaciones y anuncios de guerras, como si el planeta tierra girara alrededor de uno de los peores villanos de la historia de la humanidad.

Todos sabemos de quien se trata, es un enfermo mental sin cura, que no respeta las leyes internacionales, ni la soberanía de las naciones, mata sin escrúpulos, alienta conflictos y pretende comprar o anexarse territorios independientes, al igual que hacerse con el petróleo y las riquezas naturales de los países.

Bombardea pueblos, bloquea estados, aplica aranceles, secuestra presidentes, impone mandatarios, se autodenomina un pirata, y con un descaro total cuenta los asaltos de sus militares a barcos que transportan crudo para apoderarse del preciado combustible.

Ofende y desafía una y otra vez a dignatarios de los cinco continentes, incluido al papa León XIV, hasta el punto de chantajearlos públicamente.

El diabólico villano, que se ha creído el emperador del siglo XXI, se burla de entidades globales, entre ellas de la ONU, y presiona incluso a sus aliados miembros de la castrense Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a los cuales además insulta. 

Es un mitómano porque miente de manera compulsiva y persistente acerca de cualquier asunto junto a sus colaboradores más cercanos, quienes le temen dado que corren el riesgo de ser echados del régimen imperial que encabeza.

El citado personaje demoniaco es acusado por sus conciudadanos de pedofilia, y ha demostrado ser un racista de la peor calaña con las caserías de migrantes que ha ordenado en su país, a los que encarcela, tortura y luego deporta si antes no mueren.  

Tiene a nuestro planeta y a sus habitantes al borde del abismo, y en tensión permanente porque su conducta agresiva y perversa puede llegar a desatar la Tercera Guerra Mundial.        

Pese a su abultado maletín de males, ha reiterado merecer y prácticamente exigir el Premio Nobel de la Paz, lo que constituye un grosero irrespeto.

Contrario a cualquier galardón, lo que merece con su voluminoso expediente de violaciones de los derechos humanos es ser destronado de su actual puesto, y sentado ante el banquillo de los acusados de un tribunal internacional de justicia. Pruebas sobran para condenarlo por crímenes de lesa humanidad. 

Cualquier similitud del susodicho con el fascista alemán Adolfo Hitler no es pura coincidencia, es una realidad.