El colectivo de Europa por Cuba rinde homenaje con estas jornadas del IV Encuentro Internacional de solidaridad con Cuba al líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz, a quien ninguno de nosotros, cubanos o solidarios de otros países, dejaremos morir en el año de su Centenario.
Cuna de Trajano y Adriano fue Andalucía y “campos de
soledad”, lo que un tiempo fuera “Itálica famosa”. Pero en Marinaleda hoy reverdece
la esperanza en cada calle, en sus emancipados muros rebeldes, en su visible
solidaridad con otras causas y en esa frase en su entrada, irritante para los
Césares de hoy:
"Somos el ejemplo de que la utopía no es solo un sueño".
Venimos todos de tierras de luchadores contra molinos, de juventudes que llevaron por lanza la ética y por adarga la voluntad de hacer posible lo imposible. Ese futuro soñado se hizo cierto en los campos sevillanos de Marinaleda, donde la rebeldía organizada logró convertir el hambre en pan, en trabajo y en justicia social la miseria de muchos, como también lo materializaron en nuestras patrias americanas embebidas de sangre la revolución cubana y la revolución bolivariana. Son ellas las que aquí honramos hoy junto a la hermana tierra de Palestina, junto al hermano pueblo saharaui, junto a solidarios de varios continentes que luchan por un mismo mejor destino para la Humanidad.
¿Cómo no sentir aquí hoy, junto a su hija Aleida, la
presencia de Ernesto Che Guevara, con una calle que lleva su nombre para
recordarlo como la brújula moral que fue y será siempre junto a Bolívar y
Chávez, junto a Martí y a Fidel?
En una entrevista que le hiciera la periodista Lisa
Howard en 1964, expresó el Che que en Cuba (y por extensión en América y el
mundo) teníamos solo dos problemas: el
imperialismo y el imperialismo. No pudo hallar otro término más preciso para
referirse a un monstruo multiforme al que le basta una sola palabra para
tragarse al mundo.
En este mes de enero coronado de espinas volvemos siempre
al Che y a su advertencia permanente de que en ese gigante “no se puede confiar
ni tantito así”.
Cual bestia voraz, el monstruo se desata hoy con desgarradora
fuerza y desfachatez en cada rincón del mundo, engulle pueblos, siembra ruinas
y esparce la miseria, reduce tierras a ceniza, enjaula a niños que separa de
sus familias, asesina a mujeres y hombres indefensos en las calles de su propia
patria, dispara con sorna a inmigrantes desarmados y remeda actos de piratería,
reconcentraciones de Weyler y pasados holocaustos, violando cualquier ley de Derecho
Internacional.
Y es entonces cuando resuena
en nosotros la voz de ese modelo de hombre de los tiempos futuros que fue el
Che cuando dijo a sus hijos: “sean capaces de sentir como propia cualquier
injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo”. Esa
es la esencia de nuestro patriotismo, de nuestra solidaridad, de nuestro Internacionalismo.
La voluntad de los cubanos que
murieron en desigual y traicionero combate durante la agresión militar yanqui
contra la hermana República Bolivariana de Venezuela, donde perdieron también la
vida decenas de militares y civiles venezolanos, fue la de cumplir con su sagrado
deber de proteger al presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y a la diputada
Cilia Flores.
Ellos dieron prueba de ese
internacionalismo, de ese escalón más alto de la especie humana al que aspiraban
ofrendando sus 32 vidas por la independencia, la paz y la dignidad de
Venezuela. El más joven de todos, Fernando Antonio Báez, el único hijo de
Maidelín Hidalgo, tenía apenas 26 años. Ningún soldado enemigo los superará
jamás moralmente, ni en el valor ni en la dignidad que hizo temblar las
pertrechadas huestes imperiales.
¡Las lágrimas que hoy lloramos
serán luego “vetas de hierro para lanzas” (J.Martí) para multiplicarlos como el
Che!
Solo sobre sus cadáveres
pudieron arrancar de esa Venezuela que resiste al mandatario y a su esposa,
¡cuya liberación inmediata exigimos todos!
Tenemos memoria. Tras más de dos siglos de Doctrina Monroe y gracias al ejemplo vivo de los fundadores de la patria americana, sabemos qué bota calza el monstruo, que hoy intenta además apoderarse de nuestras conciencias.
En carta al coronel Campbell en agosto de 1829, el
libertador Simón Bolívar “con su cohorte de astros” (J. Martí) nos dejaba la más
premonitoria advertencia antiimperialista de todos los tiempos y latitudes: que
los Estados Unidos “parecen destinados por la Providencia para plagar la
América de miserias en nombre de la libertad”.
Con apenas 23 años, escribió Martí en uno de sus apuntes:
“Ah México, adorado, ve los peligros que te cercan […] Por el Norte, un vecino
avieso se cuaja (T4, p. 413).
Este aviso martiano de una escalofriante modernidad, fruto
de su observación y sus complejas experiencias transculturales, fue reiterado
como un grito de combate intelectual y político en su magistral ensayo Nuestra
América hace 135 años (“El desdén del vecino formidable, que no la
conoce, es el peligro mayor de nuestra América”). Horas antes de morir en
Dos Ríos en 1895, quedó plasmado en su testimonio político el deseo de
“[…] impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las
Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más sobre nuestras tierras
de América”.
En otra latitud, con claridad absoluta explicó Lenin al
analizar la guerra de 1898, que la intervención en la contienda entre Cuba y
España marcó la entrada abierta de EE.UU en el camino del imperialismo.
Y desde entonces conocimos la crueldad de un imperio hoy
al desnudo, en su total decadencia y salvajismo (E.Calloni). Y desde entonces miedo,
golpes de estado, apoyo y financiamiento a dictadores, implantación del terror,
de “la tortura absoluta, intemporal, metafísica” que nos refirió Rodolfo Walsh,
desapariciones, entrenamiento a mercenarios, matones al servicio de los
intereses de la oligarquía y de los monopolios, bases militares y pactos con
infaustos hacedores del crimen, armas nucleares, químicas y bacteriológicas, bloqueos
financieros, económicos, mediáticos coadyuvados de cientos de medidas
coercitivas unilaterales, intercambio desigual, explotación sin límites de
nuestros recursos naturales…y un gran etcétera.
Fue el imperialismo estadounidense quien impuso ilegalmente
en Cuba y bajo chantaje la Enmienda Platt, quien estableció la base naval de
Guantánamo, quien financió el entreguismo de los gobernantes títeres, quien
ofreció el generoso donativo de medio millón de dólares a través de la Electric
Bond and Share al tirano Gerardo Machado y asesinó a Julio Antonio Mella,
quien brindó armas a Fulgencio Bastista para que ahogara en sangre el aliento
de más de 20 000 cubanos, quien organizó a las bandas criminales en el
Escambray y el ataque a Playa Girón, quien ha asesinado más de 3000 cubanos en
ataques terroristas, son los mismos que imponen un bloqueo genocida y hoy, la
asfixia energética, la persecución y cerco de cualquier envío de combustible en
dirección de Cuba. Fueron los mismos que lanzaron bombas nucleares en Hiroshima
y Nagasaki, que asesinaron al Che en Bolivia y propiciaron la muerte de
Salvador Allende en Chile y aún tienen la indecencia de tildarnos de
“patrocinadores del terrorismo” y “amenaza para la nación estadounidense”.
La misma tiranía que reprimió en su suelo la huelga de
los mártires de Chicago o aplastó el cuello de Georges Floyd, es la que hoy secuestra
vilmente a un presidente constitucional elegido por la mayoría de su pueblo
como Nicolás Maduro y lo lleva a prisión con total impunidad junto a su esposa
Cilia Flores; es la que estigmatiza a los migrantes para justificar su
detención en recintos como Alligator Alcatraz o los deporta ilegalmente
a El Salvador; es la que encarcela la verdad apresando a periodistas como Julián
Assange o asesina a mansalva a ciudadanos indefensos como Renee Nicole Good y
Alex Jeffrey Pretti, por solo citar algunos ejemplos.
Cuando vaticinaban que bajo la doctrina del ‘Águila Extendida’ y del ‘Destino Manifiesto’ los cubanos iban a sucumbir y dejar morir al apóstol en el año de su centenario, un joven llamado Fidel Castro Ruz encabezó la insurgencia guiada por el pensamiento de José Martí, contra la farsa que habían instalado en Cuba los hacedores de la pseudorrepública.
Con el triunfo de la revolución cubana que él lideró, con
sus principios y su perdurabilidad en el tiempo como paradigma de rebeldía
frente el imperio más temible de la Historia de la Humanidad, aprendimos el lenguaje
de la ética, de la resistencia, del valor de la dignidad, de la inteligencia, de
la hermandad con Latinoamérica y con el resto del mundo, la que con él seguimos
fomentando en estos encuentros y en esta ciudad rebelde que nos acoge.
Pero Fidel y la Revolución cubana nos dieron además a
todos el mapa de futuras revoluciones. Desde el Moncada seguimos siendo
eternamente subversivos por haber confirmado con hechos la posibilidad de la emancipación
y desarrollo de una sociedad fuera del sistema capitalista, fuera de ese modelo
que promueve a ultranza el egoísmo, como también lo ha demostrado el modelo
cooperativo valientemente escogido por este pueblo de Marinaleda. ¡Y eso nunca
nos lo podrán perdonar!
Desde entonces, la existencia de sociedades que eliminen la explotación del hombre por el hombre, y la explotación de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista no es una quimera, sino un modelo posible para el mantenimiento de la especie humana y la vida en nuestro planeta, como bien lo expusiera Fidel hace 34 años en la cumbre de Rio de Janeiro.
“Hágase más racional la vida humana. Aplíquese
un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria
para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no
la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre. […] Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la
insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño".
Honrar la hondura del hacer y el decir de Fidel, heredero
del pensamiento antimperialista de Bolívar y Martí, cuya vida fue una obra de
entrega total por la soberanía de Cuba y del resto del mundo, es nuestro deber en el
año de su Centenario y siempre, es nuestra responsabilidad continuar su obra
por los pobres de la tierra, es nuestro mayor compromiso como revolucionarios
con la Humanidad. Con él y con Martí, con Bolívar y el Che, con Chávez y
Maduro, héroes universales de ayer y de hoy, este acto no reivindica solo la
dignidad de Cuba y de Nuestra América.
Es un clamor por la paz, porque sea viable nuestra vida
en la Tierra, es un grito de denuncia contra todas las formas de hegemonía,
contra el fascismo, contra la opresión, contra el servilismo, contra la
perpetuación del ecocidio, contra los bloqueos criminales, contra las amenazas
de guerra que penden sobre Latinoamérica y otras naciones del orbe y contra la
indiferencia.
Este encuentro que culmina en Marinaleda es parte de
nuestros modestos esfuerzos por fortalecer la conciencia política
antimperialista que le debemos a nuestros héroes y a todos los pueblos
oprimidos, es un llamado a fortalecer aún más los nexos entre solidarios y a movilizarnos
permanentemente desde todos los continentes contra el mismo enemigo.
Es un recordatorio de que, mientras haya injusticia,
¡habrá resistencia!
¡Viva Cuba! ¡Viva Venezuela soberana! ¡Viva Marinaleda y su lucha ejemplar!
¡Viva la solidaridad internacional! ¡Vivan nuestros
héroes y mártires!
¡Patria o Muerte, venceremos!
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