Homenaje y denuncia de Europa por Cuba. IV Encuentro Internacional de solidaridad con Cuba

El colectivo de Europa por Cuba rinde homenaje con estas jornadas del IV Encuentro Internacional de solidaridad con Cuba al líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz, a quien ninguno de nosotros, cubanos o solidarios de otros países, dejaremos morir en el año de su Centenario.

Nos honra además recordar a José Martí, Héroe Nacional y apóstol de la independencia de Cuba, en el 173 aniversario de su natalicio.

Nuestro sentir está hoy también con Venezuela, que ha sido el escenario de una criminal arremetida militar estadounidense.

No es casual que este acto tenga lugar en Marinaleda, tierra de continuas luchas por la dignidad y la justicia de los oprimidos. En los restos visibles de una calzada romana o en los contrafuertes de una fortaleza medieval, subyacen voces que nos recuerdan que grandes imperios fueron un día vencidos.

Cuna de Trajano y Adriano fue Andalucía y “campos de soledad”, lo que un tiempo fuera “Itálica famosa”. Pero en Marinaleda hoy reverdece la esperanza en cada calle, en sus emancipados muros rebeldes, en su visible solidaridad con otras causas y en esa frase en su entrada, irritante para los Césares de hoy:

"Somos el ejemplo de que la utopía no es solo un sueño".  

Venimos todos de tierras de luchadores contra molinos, de juventudes que llevaron por lanza la ética y por adarga la voluntad de hacer posible lo imposible. Ese futuro soñado se hizo cierto en los campos sevillanos de Marinaleda, donde la rebeldía organizada logró convertir el hambre en pan, en trabajo y en justicia social la miseria de muchos, como también lo materializaron en nuestras patrias americanas embebidas de sangre la revolución cubana y la revolución bolivariana. Son ellas las que aquí honramos hoy junto a la hermana tierra de Palestina, junto al hermano pueblo saharaui, junto a solidarios de varios continentes que luchan por un mismo mejor destino para la Humanidad.

¿Cómo no sentir aquí hoy, junto a su hija Aleida, la presencia de Ernesto Che Guevara, con una calle que lleva su nombre para recordarlo como la brújula moral que fue y será siempre junto a Bolívar y Chávez, junto a Martí y a Fidel?

En una entrevista que le hiciera la periodista Lisa Howard en 1964, expresó el Che que en Cuba (y por extensión en América y el mundo) teníamos solo dos problemas: el imperialismo y el imperialismo. No pudo hallar otro término más preciso para referirse a un monstruo multiforme al que le basta una sola palabra para tragarse al mundo.

En este mes de enero coronado de espinas volvemos siempre al Che y a su advertencia permanente de que en ese gigante “no se puede confiar ni tantito así”.

Cual bestia voraz, el monstruo se desata hoy con desgarradora fuerza y desfachatez en cada rincón del mundo, engulle pueblos, siembra ruinas y esparce la miseria, reduce tierras a ceniza, enjaula a niños que separa de sus familias, asesina a mujeres y hombres indefensos en las calles de su propia patria, dispara con sorna a inmigrantes desarmados y remeda actos de piratería, reconcentraciones de Weyler y pasados holocaustos, violando cualquier ley de Derecho Internacional.

Y es entonces cuando resuena en nosotros la voz de ese modelo de hombre de los tiempos futuros que fue el Che cuando dijo a sus hijos: “sean capaces de sentir como propia cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo”. Esa es la esencia de nuestro patriotismo, de nuestra solidaridad, de nuestro Internacionalismo.

La voluntad de los cubanos que murieron en desigual y traicionero combate durante la agresión militar yanqui contra la hermana República Bolivariana de Venezuela, donde perdieron también la vida decenas de militares y civiles venezolanos, fue la de cumplir con su sagrado deber de proteger al presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y a la diputada Cilia Flores.

Ellos dieron prueba de ese internacionalismo, de ese escalón más alto de la especie humana al que aspiraban ofrendando sus 32 vidas por la independencia, la paz y la dignidad de Venezuela. El más joven de todos, Fernando Antonio Báez, el único hijo de Maidelín Hidalgo, tenía apenas 26 años. Ningún soldado enemigo los superará jamás moralmente, ni en el valor ni en la dignidad que hizo temblar las pertrechadas huestes imperiales.

¡Las lágrimas que hoy lloramos serán luego “vetas de hierro para lanzas” (J.Martí) para multiplicarlos como el Che!

Solo sobre sus cadáveres pudieron arrancar de esa Venezuela que resiste al mandatario y a su esposa, ¡cuya liberación inmediata exigimos todos!

Tenemos memoria. Tras más de dos siglos de Doctrina Monroe y gracias al ejemplo vivo de los fundadores de la patria americana, sabemos qué bota calza el monstruo, que hoy intenta además apoderarse de nuestras conciencias.

En carta al coronel Campbell en agosto de 1829, el libertador Simón Bolívar “con su cohorte de astros” (J. Martí) nos dejaba la más premonitoria advertencia antiimperialista de todos los tiempos y latitudes: que los Estados Unidos “parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

Con apenas 23 años, escribió Martí en uno de sus apuntes: “Ah México, adorado, ve los peligros que te cercan […] Por el Norte, un vecino avieso se cuaja (T4, p. 413).

Este aviso martiano de una escalofriante modernidad, fruto de su observación y sus complejas experiencias transculturales, fue reiterado como un grito de combate intelectual y político en su magistral ensayo Nuestra América hace 135 años (“El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América”). Horas antes de morir en Dos Ríos en 1895, quedó plasmado en su testimonio político el deseo de “[…] impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”.

En otra latitud, con claridad absoluta explicó Lenin al analizar la guerra de 1898, que la intervención en la contienda entre Cuba y España marcó la entrada abierta de EE.UU en el camino del imperialismo.

Y desde entonces conocimos la crueldad de un imperio hoy al desnudo, en su total decadencia y salvajismo (E.Calloni). Y desde entonces miedo, golpes de estado, apoyo y financiamiento a dictadores, implantación del terror, de “la tortura absoluta, intemporal, metafísica” que nos refirió Rodolfo Walsh, desapariciones, entrenamiento a mercenarios, matones al servicio de los intereses de la oligarquía y de los monopolios, bases militares y pactos con infaustos hacedores del crimen, armas nucleares, químicas y bacteriológicas, bloqueos financieros, económicos, mediáticos coadyuvados de cientos de medidas coercitivas unilaterales, intercambio desigual, explotación sin límites de nuestros recursos naturales…y un gran etcétera.

Fue el imperialismo estadounidense quien impuso ilegalmente en Cuba y bajo chantaje la Enmienda Platt, quien estableció la base naval de Guantánamo, quien financió el entreguismo de los gobernantes títeres, quien ofreció el generoso donativo de medio millón de dólares a través de la Electric Bond and Share al tirano Gerardo Machado y asesinó a Julio Antonio Mella, quien brindó armas a Fulgencio Bastista para que ahogara en sangre el aliento de más de 20 000 cubanos, quien organizó a las bandas criminales en el Escambray y el ataque a Playa Girón, quien ha asesinado más de 3000 cubanos en ataques terroristas, son los mismos que imponen un bloqueo genocida y hoy, la asfixia energética, la persecución y cerco de cualquier envío de combustible en dirección de Cuba. Fueron los mismos que lanzaron bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, que asesinaron al Che en Bolivia y propiciaron la muerte de Salvador Allende en Chile y aún tienen la indecencia de tildarnos de “patrocinadores del terrorismo” y “amenaza para la nación estadounidense”.

La misma tiranía que reprimió en su suelo la huelga de los mártires de Chicago o aplastó el cuello de Georges Floyd, es la que hoy secuestra vilmente a un presidente constitucional elegido por la mayoría de su pueblo como Nicolás Maduro y lo lleva a prisión con total impunidad junto a su esposa Cilia Flores; es la que estigmatiza a los migrantes para justificar su detención en recintos como Alligator Alcatraz o los deporta ilegalmente a El Salvador; es la que encarcela la verdad apresando a periodistas como Julián Assange o asesina a mansalva a ciudadanos indefensos como Renee Nicole Good y Alex Jeffrey Pretti, por solo citar algunos ejemplos.

Cuando vaticinaban que bajo la doctrina del ‘Águila Extendida’ y del ‘Destino Manifiesto’ los cubanos iban a sucumbir y dejar morir al apóstol en el año de su centenario, un joven llamado Fidel Castro Ruz encabezó la insurgencia guiada por el pensamiento de José Martí, contra la farsa que habían instalado en Cuba los hacedores de la pseudorrepública.

Con el triunfo de la revolución cubana que él lideró, con sus principios y su perdurabilidad en el tiempo como paradigma de rebeldía frente el imperio más temible de la Historia de la Humanidad, aprendimos el lenguaje de la ética, de la resistencia, del valor de la dignidad, de la inteligencia, de la hermandad con Latinoamérica y con el resto del mundo, la que con él seguimos fomentando en estos encuentros y en esta ciudad rebelde que nos acoge.

Pero Fidel y la Revolución cubana nos dieron además a todos el mapa de futuras revoluciones. Desde el Moncada seguimos siendo eternamente subversivos por haber confirmado con hechos la posibilidad de la emancipación y desarrollo de una sociedad fuera del sistema capitalista, fuera de ese modelo que promueve a ultranza el egoísmo, como también lo ha demostrado el modelo cooperativo valientemente escogido por este pueblo de Marinaleda. ¡Y eso nunca nos lo podrán perdonar!

Desde entonces, la existencia de sociedades que eliminen la explotación del hombre por el hombre, y la explotación de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista no es una quimera, sino un modelo posible para el mantenimiento de la especie humana y la vida en nuestro planeta, como bien lo expusiera Fidel hace 34 años en la cumbre de Rio de Janeiro.

“Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre. […] Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño".

Honrar la hondura del hacer y el decir de Fidel, heredero del pensamiento antimperialista de Bolívar y Martí, cuya vida fue una obra de entrega total por la soberanía de Cuba y del resto del mundo, es nuestro deber en el año de su Centenario y siempre, es nuestra responsabilidad continuar su obra por los pobres de la tierra, es nuestro mayor compromiso como revolucionarios con la Humanidad. Con él y con Martí, con Bolívar y el Che, con Chávez y Maduro, héroes universales de ayer y de hoy, este acto no reivindica solo la dignidad de Cuba y de Nuestra América.

Es un clamor por la paz, porque sea viable nuestra vida en la Tierra, es un grito de denuncia contra todas las formas de hegemonía, contra el fascismo, contra la opresión, contra el servilismo, contra la perpetuación del ecocidio, contra los bloqueos criminales, contra las amenazas de guerra que penden sobre Latinoamérica y otras naciones del orbe y contra la indiferencia.

Este encuentro que culmina en Marinaleda es parte de nuestros modestos esfuerzos por fortalecer la conciencia política antimperialista que le debemos a nuestros héroes y a todos los pueblos oprimidos, es un llamado a fortalecer aún más los nexos entre solidarios y a movilizarnos permanentemente desde todos los continentes contra el mismo enemigo.

Es un recordatorio de que, mientras haya injusticia, ¡habrá resistencia!

¡Viva Cuba!  ¡Viva Venezuela soberana! ¡Viva Marinaleda y su lucha ejemplar!

¡Viva la solidaridad internacional! ¡Vivan nuestros héroes y mártires!

¡Patria o Muerte, venceremos!

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