De la mano de Pedro de la Hoz, Premio Nacional de Periodismo José Martí, y destacado periodista que durante 36 años honró con su talento la Redacción Cultural del periódico Granma, recorremos algunos pasajes de su libro Como el primer día; en esta obra toman la palabra íconos de la vida cultural del país

¿Cómo se vivió el 1ro. de enero de 1959 en más de un hogar cubano? ¿Cómo fue un día que tomó los más diversos matices para muchos tanto dentro como fuera de la Isla?
De la mano de Pedro de la Hoz, Premio Nacional de Periodismo José Martí, y destacado periodista que durante 36 años honró con su talento la Redacción Cultural del periódico Granma, recorremos algunos pasajes de su libro Como el primer día; en esta obra toman la palabra íconos de la vida cultural del país.
ALICIA ALONSO, PRIMA BALLERINA ASSOLUTA, COREÓGRAFA
«El mismo 1ro. de enero de 1959, en Chicago, me había comprometido con los compañeros del movimiento revolucionario en acudir a un estudio de televisión para hacer un llamado a la opinión pública acerca del peligro que entrañaba para la juventud cubana el aumento de la represión por parte de los esbirros de Fulgencio Batista, cuyas prácticas criminales se incrementaban a medida que el régimen iba cediendo terreno.
«Ya estaba lista bien temprano en la mañana cuando alguien me dijo: “Batista huyó, los rebeldes están en Santiago, se acabó la tiranía”. Algo muy grande sentí por dentro, como si Cuba entera estuviera en mi pecho».
MIGUEL BARNET, POETA, NOVELISTA Y ETNÓLOGO
«Aquellos días inmediatamente posteriores al triunfo los viví como una epifanía. Nunca después en el orden personal, aun cuando he ganado premios literarios o me han distinguido por mi obra, he sentido una emoción tan grande. Seguí paso a paso, por las noticias, el avance de la Caravana de la Libertad hacia La Habana. El día más conmovedor de todos fue el 8 de enero. En casa de un primo mío, en Marina y Malecón, se reunió la familia y vimos entrar la caravana. Vi a Fidel por primera vez. Las mujeres le tiraban flores. Escuché su discurso en Ciudad Libertad. Cuando se le posaron las palomas, los creyentes dijeron que Fidel contaba con la protección de Oddúa o de Obatalá. A mí eso me pareció después una metáfora del futuro. Cuando veo aquellos días en retrospectiva me doy cuenta de que éramos testigos de un parto histórico. Para mí fue el comienzo de una progresión».
ADIGIO BENÍTEZ, PINTOR, DIBUJANTE, POETA
«El advenimiento del triunfo revolucionario me sorprende en una casa donde vivía semiclandestino. Para preservar la vida, me vi en la obligación de cambiar, de vez en cuando, de residencia, pues era perseguido. Después de la línea del ferrocarril en Diez de Octubre, cerca del Café Colón, vivía una hermana mía. Para qué decirte, muy tempranito, el lechero nos informó que se había ido Batista. Todo el barrio se tiró a la calle.
«Para alguien que estaba en constante peligro, la nueva situación era como volver a respirar. (…) La Revolución era el mundo soñado, por el que mis padres y tíos, y muchos compañeros de ruta, habían luchado. Por primera vez disfruté el verdadero significado de la palabra libertad».
ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR, POETA, ENSAYISTA
«Debo hacer una observación que me hizo mi hermano Manolo. Él era muy agudo, muy penetrante. Años después, cuando yo trataba de fijar lo que habíamos vivido ese intenso 1ro. de enero de 1959, me dijo que en realidad ese fue una especie de día inmenso que solo vino a terminarse el 8 de enero de 1959, cuando Fidel entró en La Habana. Fue una especie de luminoso día encantado y encantador que empezó en el amanecer del 1ro. de enero de aquel año 1959, y que no llegó hasta su fin sino hasta la memorable entrada de Fidel en La Habana.
«Muchas cosas pasaron ese día. Escuchamos por radio las palabras de Fidel, extraordinariamente conmovedoras y maravillosas. (…) A mí me pareció escuchar un poema. Digo más: estoy seguro de que era un poema».
JUAN FORMELL, COMPOSITOR, DIRECTOR DE ORQUESTA DE BAILE
«El 1ro. de enero estaba en mi casa. Vivía en la Lisa, mi papá había comprado una casita allí. La noche de fin de año me acosté tarde, como a las dos de la madrugada, pero no dormía, por eso escuché, mientras iba aclarando, a los vecinos comentar primero en voz baja y después a pleno pulmón: “Se fue Batista, viva el 26, viva Fidel”. Que yo recuerde, en aquel barrio nadie daba un centavo por Batista ni su gente. Y tanto los que estaban involucrados en la lucha como los que no, deseaban que los días tan terribles de la dictadura quedaran atrás».
NANCY MOREJÓN, POETA, ENSAYISTA
«Diciembre había sido un mes tremendo, la situación ardía. Comentábamos la falsedad de los partes del Ejército de la tiranía: los casquitos no se morían, solo los rebeldes contaban en las bajas. Y sabíamos que era mentira. Apenas se supo que Batista había caído, la gente estalló en mi barrio. Salían a la calle, se abrazaban, tiraban cosas. Mi padre, que estaba cujeado en la lucha, nos advirtió: “Ahora es cuando viene el peligro, porque todavía no sabemos qué va a pasar”. Entonces el Partido apoya el llamamiento a la huelga general formulado por Fidel en Oriente, que frustró la maniobra de los norteamericanos y los militares para impedir que las fuerzas rebeldes se instalaran en el poder».
JUAN PADRÓN, CINEASTA, HISTORIETISTA
«En el batey y otras localidades colindantes con el valle, el 1ro. de enero fue como la representación de una película. Los soldados del cuartel de Cárdenas se desplegaron temprano en la mañana por las calles. Cada cierto número de cuadras en la calle Real emplazaron armas largas. Pero como a las dos o tres de la tarde desmontaron todo aquello y comenzaron a regresar al cuartel. Ahora me doy cuenta de que los sacaron a las calles para meterle miedo a la gente. La gente caminó detrás de ellos hasta el cuartel a ver cuál era el problema. Yo también quise ir al cuartel, pero mi madre me dijo: “De eso nada”. Ahí, en el cuartel, se encerraron. Fue una última e inútil guapería. El ejército de la tiranía estaba derrotado. La Revolución había triunfado».
SILVIO RODRÍGUEZ, TROVADOR
«Un año antes de ese 1ro. de enero, los soldaditos de goma con que jugaba con mis amigos estaban divididos en casquitos y rebeldes. Una de aquellas figuritas tenía una Thompson y era el Che Guevara. ¿Cómo no recordar el 1ro. de enero de 1959?
«Acababa de cumplir 12 años y me es inevitable evocar también el poema del Indio Naborí, que comienza describiendo la mañana del 1ro. de enero con versos realistas –porque fue un día de cielo muy azul, especialmente luminoso–. (…) Aquella mañana, desde temprano, la casa se llenó de trasiegos, porque había empezado a circular la noticia de que Batista se había ido y había una huelga general. Se pedía a los ciudadanos que se mantuvieran en sus casas, pero el júbilo era incontrolable. Los que no se lanzaron a la calle, cosa que para mí estaba vedada por la edad, pasamos el día pegados a la radio (…)».
MARTA ROJAS, PERIODISTA, NOVELISTA
«Estaba durmiendo cuando la dueña de la casa de huéspedes me avisó que me llamaba por teléfono un señor llamado Miguel; serían poco más de una de la madrugada. Se trataba de Miguel Ángel Quevedo, el director de Bohemia. Sorprenderme totalmente la noticia, en verdad no me sorprendió, pues Enriquito de la Osa, el director de la sección En Cuba en la cual yo trabajaba desde los hechos del Moncada, me había dicho, al igual que a la mayoría de los que trabajábamos con él, que estuviera en un lugar donde pudiera ocurrir algo el 31 de diciembre. Por Radio Rebelde y otras vías más directas que tanto Quevedo como él tenían, se sabía, entre nosotros, que los rebeldes estaban a las puertas de Santiago, que Fidel había bajado de la Sierra Maestra».
GRAZIELLA POGOLOTTI, ENSAYISTA, PEDAGOGA, CRÍTICA DE ARTE
«Cuando supe la gran noticia, el derrocamiento de la dictadura, algo que se presentaba como algo inminente en los últimos días del año, lo que se nos ocurrió a cada una de las personas que vivíamos en Roma, gente que incluso no nos conocíamos, fue aparecernos en la sede de la Embajada a ocuparla. Fue lo que aconteció en casi todos los países donde había concentraciones de cubanos. En realidad, no hubo oposición alguna. Recuerdo que el embajador no se encontraba; había salido de vacaciones o tal vez intuyendo su destino, la había abandonado definitivamente. (…) Llegamos sin armas únicamente nuestra presencia bastó para tomar el lugar en nombre de la Revolución. (…) Lo que más recuerdo de todo es que en un reportaje sobre la toma de la Embajada, como yo era la única mujer en el grupo, el periodista me destacó con un apelativo que todavía me causa gracia. Escribió que entre los ocupantes había “una mujer de cabellera hirsuta”. Mira tú, yo que nunca tuve el cabello de modo que se le pudiera aplicar ese adjetivo. Lo entendí como una nota de color periodístico».
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