La “oportunidad” de Trump a Cuba

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Por Patricio Montesinos

Si bien es cierto que el arreciado bloqueo de EE.UU. daña gravemente a Cuba en todas las esferas de la sociedad, constituye al mismo tiempo una oportunidad para que la isla caribeña busque desarrollarse económicamente con sus propios recursos y sea cada vez más soberana. 

Pese a que es blanco de una feroz guerra comercial y financiera sin precedentes de Washington, que incluye desde principios de este año un cerco total petrolero, la mayor de las Antillas no se ha paralizado, sino todo lo contrario, avanza en soluciones propias a los complejos problemas que enfrenta.

Ejemplos al respecto son innumerables y abarcan todas las áreas, desde la energética hasta la producción de medicamentos, alimentos y otras de vital necesidad para cualquier nación.

En los últimos cuatro meses Cuba solo ha recibido un barco de petróleo, donado por Rusia, de ocho que requiere mensualmente, lo que ha provocado prolongados apagones y afectaciones en la transportación y en importantes industrias del país.

Ante esa situación, el decano archipiélago no se ha quedado de brazos cruzados, y emprendió acciones dirigidas a mitigar a corto, mediano y largo plazo la crisis que padece por el intensificado bloqueo de EE.UU.

Entre ellas destacan la instalación de parques fotovoltaicos a lo largo y ancho del territorio nacional, de paneles solares en hospitales, en la agricultura para el bombeo de riegos, en la distribución de agua a la población, en las industrias para la elaboración de alimentos, y en otros centros vitales, además de la utilización de vehículos eléctricos obtenidos en Estados amigos y también ensamblados en la isla.

A su vez, ha aumentado, y lo continuará haciendo, la extracción de su crudo nacional, que, aunque pesado por el azufre que contiene, ya podrá ser refinado en Cuba gracias a nuevas tecnologías y la innovación de sus científicos y trabajadores.

En una primera prueba experimental exitosa el proceso permitió producir diésel, nafta y combustibles comercializables, marcando un hito en la autonomía energética de la nación antillana.

Es real que el camino hacia la solución de los retos que tiene Cuba ante sí, en medio del bloqueo acrecentado por el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, no será fácil, pero su pueblo y gobierno están decididos a superar todos los obstáculos y ser cada vez más soberanos.

Gracias a su capacidad de resistencia, sobrevivencia e inventiva, y a la creciente solidaridad internacional, la isla triunfará. Que nadie tenga la menor duda.      

38 médicos, 30 años y una guerra de la que nadie habla mientras el Caribe se desmorona, Gambia resiste.

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Lassana Tunkara
Colaborador africano

En estos momentos se está desarrollando una historia en todo el Caribe que debería quitarle el sueño a todos los ministros de salud africanos, y casi nadie en este continente le está prestando atención.
Pero empecemos por Gambia, porque ahí es donde la historia cobra sentido. En junio de 1996, el líder cubano Fidel Castro envió a treinta y ocho trabajadores sanitarios cubanos a uno de los países más pequeños y con menos recursos del continente. Sin alardes. Sin cámaras de la CNN. Simplemente llegaron y empezaron a trabajar. Treinta años después, la administración de Barrow da la bienvenida a 260 más para dotar de personal a 23 nuevas clínicas en todo el país. Y en algún punto de ese lapso entre 38 y 260, entre 1996 y 2026, ocurrió algo extraordinario que la industria del desarrollo global nunca ha sabido cómo clasificar, porque no encaja con la narrativa que les gusta contar sobre África.
No fue ayuda humanitaria. No fue caridad. Fueron dos países del Sur Global que decidieron que se necesitaban mutuamente y lograron que esa relación funcionara durante tres décadas.
He estado pensando en por qué esta alianza no recibe más atención, y creo que es porque resulta inconveniente. Complica la idea de que los países pobres necesitan instituciones occidentales para funcionar. Gambia se convirtió en una de las primeras naciones africanas en implementar el Programa Integrado de Salud en 1999, una descentralización total de la atención primaria que convirtió a la Brigada Médica Cubana en la columna vertebral del personal médico del país. Esto no sucedió gracias al FMI, a USAID ni a una cumbre del G7, sino gracias a un acuerdo bilateral entre Banjul y La Habana.
Y luego está la Operación Milagro, la iniciativa quirúrgica especializada que devolvió la vista a miles de gambianos. O la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud Afines, donde estudiantes gambianos se están formando para convertirse en la próxima generación de médicos en su propio país. Estos son logros estructurales. El tipo de cosas que se construyen a lo largo de décadas.
Estados Unidos, y en concreto el Departamento de Estado de Rubio, ha presionado sistemáticamente durante el último año a los gobiernos para que rompan sus acuerdos con las brigadas médicas cubanas. Han revocado visados a funcionarios brasileños, africanos y caribeños cuyo único delito fue mantener acuerdos de colaboración en materia de salud con Cuba. Han enviado memorandos internos «confidenciales» que detallan estrategias para desmantelar el programa médico internacional de Cuba país por país. Guatemala se dio por vencida. Honduras se dio por vencida. Jamaica, que recibió 50 años de solidaridad médica cubana, donde médicos cubanos atendieron partos, devolvieron la vista y realizaron decenas de miles de cirugías, está poniendo fin a todo esto.
La justificación oficial es el “trabajo forzoso”. Y miren, la economía interna de cómo Cuba compensa a sus médicos en el extranjero es un asunto interno, pero un médico con el que hablé me dijo que “es una forma de devolverle algo a mi país después de haber estudiado medicina gratis”. También me comentó que los médicos sienten orgullo de representar a su nación en el extranjero de manera positiva.
Pero seamos honestos sobre lo que realmente es esta campaña. El programa de exportación de suministros médicos de Cuba es una de las últimas fuentes importantes de ingresos que evitan el colapso total de la economía de la isla, especialmente después de que Washington impusiera un bloqueo petrolero total en enero de este año. Interrumpir esos ingresos no es una iniciativa en defensa de los derechos laborales. Es una guerra económica, y los pacientes de las zonas rurales de Guatemala y Kingston, Jamaica, son las víctimas colaterales.
Algunos países se han negado. Trinidad y Tobago, en esencia, mandó a Washington a paseo y le dijo que prefería perder los privilegios de visado estadounidenses antes que abandonar la atención médica de la que depende su población. Eso requirió valentía. El tipo de valentía institucional que surge de creer realmente en la propia soberanía, no solo de ejercerla.
Tras 30 años de experiencia sobre el terreno, podemos extraer tres lecciones. La primera es que la atención primaria no es glamurosa, y ese es precisamente el quid de la cuestión. El modelo cubano se basa en clínicas comunitarias, medicina preventiva y médicos integrados en los lugares donde vive la gente. África tiene demasiados hospitales de lujo que atienden a la clase media urbana y muy pocos centros de salud rurales que funcionen correctamente. El modelo cubano invierte esta situación.
En segundo lugar, el objetivo de cualquier alianza externa debe ser volverse innecesaria. Lo más importante en esta relación Cuba-Gambia no son los 260 médicos que llegan este año, sino los estudiantes gambianos de SMAHS, quienes no los necesitarán dentro de veinte años. La dependencia no se resuelve con mejores socios, sino desarrollando la propia capacidad hasta que los socios se conviertan en colegas.
En tercer lugar, la solidaridad necesita ser defendida como cualquier activo estratégico. Lo ocurrido en Jamaica no sucedió de la noche a la mañana. Fue resultado de una presión diplomática constante, amenazas de visado y una narrativa cuidadosamente construida que presentó a los médicos como explotadores. Los gobiernos africanos y la Unión Africana necesitan marcos sólidos que protejan los acuerdos de cooperación Sur-Sur precisamente de este tipo de injerencia de terceros.
Hace treinta años, 38 personas bajaron de un avión en Banjul y se fueron a trabajar. No querían hacer ninguna declaración. Simplemente estaban haciendo su trabajo.
Pero al final resultó ser una declaración sobre lo que es posible cuando dos pequeñas naciones del Sur Global deciden tomarse en serio mutuamente. Sobre cómo es la atención médica cuando se basa en la necesidad y no en el lucro. Sobre el tipo de solidaridad que perdura más allá de los ciclos electorales, las modas geopolíticas y la presión de los países poderosos que preferirían que dependiéramos de ellos.
El Caribe está siendo desmantelado en estos momentos. Alianza tras alianza, clínica tras clínica. Y el argumento que se esgrime —implícitamente, mediante la revocación de visados y la presión diplomática— es que los países en desarrollo no pueden elegir a sus propios socios en materia de salud sin consecuencias.
La respuesta de África a ese argumento se está escribiendo en Banjul. En 23 nuevas clínicas. En 260 médicos que se presentaron.

Respuestas altas y claras de los cubanos a Washington

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Por Patricio Montesinos

 “Mi Firma por la Patria”, un movimiento que por estos días se extiende a lo largo y ancho de toda Cuba con el respaldo de millones de sus ciudadanos, constituye una de las tantas contundentes respuestas del pueblo de la isla caribeña frente a las actuales amenazas de EE.UU.

Con su rúbrica, los habitantes de la mayor de la Antillas, especialmente sus jóvenes y trabajadores, expresan la convicción de defender la soberanía e independencia de su país ante una eventual intervención militar cacareada por el régimen del mandatario Donald Trump. 

A su vez, los cubanos se pronuncian en favor de la paz global, y contra el prolongado bloqueo y reciente cerco energético que le impone la Casa Blanca con el propósito de asfixiar a la nación caribeña y destruir su Revolución.

El referido movimiento antecede a multitudinarios desfiles que se escenificarán en la isla el próximo 1 de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, bajo el lema “la Patria se Defiende”, en la cuales se denunciará la política agresiva de la administración Trump.

En esas marchas estarán presentes además amigos solidarios de diversos países del mundo, incluido de EE.UU., que demandarán al imperio del norte, hoy más brutal y revuelto que nunca, el cese del asedio al decano archipiélago de las Antillas.

Las amenazas de Washington de invadir Cuba son condenadas por los pueblos y la inmensa mayoría de los gobiernos de los cinco continentes, al igual que el cruel bloqueo, prolongado ya por casi siete décadas, y el cerco energético de inicios de este año.

Los gobernantes estadounidenses saben muy bien que los cubanos están listos para enfrentar acciones belicistas dado que durante el proceso revolucionario se han preparado bajo la doctrina de la Guerra de todo el Pueblo, creada por su líder histórico Fidel Castro.

Hoy intensifican su entrenamiento para la defensa ante la hostilidad creciente de la Casa Blanca, a la cual, por cierto, no pocos dignatarios del mundo han advertido que abandone su conducta castrense hacia isla de la dignidad.

Precisamente hace pocos días el presidente de Belarús, Alexandr Lukashenko, desaconsejó a EE.UU. intentar una aventura militar en Cuba, alegando que le costará caro porque la historia lo ha demostrado, apuntó.

Trump y su banda de beligerantes deben recordar Girón (Bahía de Cochinos), donde Washington sufrió en 1961 su primera derrota en América Latina, al igual que la llamada Crisis de Octubre o de los Misiles, en 1962.

También les vale rememorar que en 1982 el entonces mandatario Ronald Reagan pretendió invadir a la mayor de las Antillas, y sin embargo no lo hizo por los costos que tendría. 

En unos de sus tantos discursos, Fidel aseguró que si EE.UU. ataca a Cuba, la guerra será muy larga, y morirán muchos de sus soldados.

No duden de ello, mejor apuesten por el dialogo y la paz porque el decano archipiélago caribeño luchará sin tregua contra el enemigo hasta su victoria definitiva.             

El contundente papa León XIV frente al irrespetuoso Trump

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Por Patricio Montesinos

El papa León XIV dio una lección a los políticos, dignatarios y personalidades del mundo de cómo deben responder a las continuas declaraciones irreverentes e intimidaciones del mandatario de EE.UU., Donald Trump.

La máxima autoridad de la Iglesia Católica no se dejó amedrentar por el gobernante de la Casa Blanca, quien irrespetuosamente lo calificó de débil y pésimo en su política exterior por sus llamados a la paz global, al diálogo y el multilateralismo para encontrar soluciones a los problemas internacionales.

En conversación con la prensa en camino esta semana hacia su primera gira africana, el pontífice afirmó no tenerle miedo a Trump ni a su administración, y subrayó que seguirá manifestándose contra las guerras, promoviendo el diálogo y la reconciliación entre todos los pueblos.

Asimismo, criticó las amenazas del jefe del régimen de Washington de destruir la civilización iraní, y lo exhortó a que encuentre una salida que ponga fin al conflicto con la nación persa.

León XIV señaló además que no quería entrar en un debate con el presidente estadounidense, una evidente respuesta de menosprecio a las descorteses declaraciones del ocupante de la Casa Blanca.

Aclaró, no obstante, que proseguirá sin temor promoviendo la paz, y proclamando a la vez en voz alta el mensaje del Evangelio.

A juicio de diversas fuentes periodísticas y analistas políticos, el papa fue contundente con Trump y puso en el lugar que le corresponde a quien es considerado el peor presidente de la historia de EE.UU. 

Nunca antes sus predecesores se pronunciaron en términos tan groseros hacia un pontífice, lo que dice mucho de la conocida conducta agresiva del actual mandatario estadounidense.   

Los ataques verbales hacia León XIV por parte de Trump han recibido severas criticas en los medios de prensa internacionales, en las redes sociales y por los ciudadanos en EE.UU., donde hay más 70 millones de católicos, alrededor del 20 por ciento de su población.

El gobernante de Washington, en su narcisismo, parece no solo aspirar a ser el emperador del mundo, sino también Dios, pero evidentemente los tiros les están saliendo por la culata.

El contundente papa León XIV frente al irrespetuoso Trump

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Por Patricio Montesinos

El papa León XIV dio una lección a los políticos, dignatarios y personalidades del mundo de cómo deben responder a las continuas declaraciones irreverentes e intimidaciones del mandatario de EE.UU., Donald Trump.

La máxima autoridad de la Iglesia Católica no se dejó amedrentar por el gobernante de la Casa Blanca, quien irrespetuosamente lo calificó de débil y pésimo en su política exterior por sus llamados a la paz global, al diálogo y el multilateralismo para encontrar soluciones a los problemas internacionales.

En conversación con la prensa en camino esta semana hacia su primera gira africana, el pontífice afirmó no tenerle miedo a Trump ni a su administración, y subrayó que seguirá manifestándose contra las guerras, promoviendo el diálogo y la reconciliación entre todos los pueblos.

Asimismo, criticó las amenazas del jefe del régimen de Washington de destruir la civilización iraní, y lo exhortó a que encuentre una salida que ponga fin al conflicto con la nación persa.

León XIV señaló además que no quería entrar en un debate con el presidente estadounidense, una evidente respuesta de menosprecio a las descorteses declaraciones del ocupante de la Casa Blanca.

Aclaró, no obstante, que proseguirá sin temor promoviendo la paz, y proclamando a la vez en voz alta el mensaje del Evangelio.

A juicio de diversas fuentes periodísticas y analistas políticos, el papa fue contundente con Trump y puso en el lugar que le corresponde a quien es considerado el peor presidente de la historia de EE.UU. 

Nunca antes sus predecesores se pronunciaron en términos tan groseros hacia un pontífice, lo que dice mucho de la conocida conducta agresiva del actual mandatario estadounidense.   

Los ataques verbales hacia León XIV por parte de Trump han recibido severas criticas en los medios de prensa internacionales, en las redes sociales y por los ciudadanos en EE.UU., donde hay más 70 millones de católicos, alrededor del 20 por ciento de su población.

El gobernante de Washington, en su narcisismo, parece no solo aspirar a ser el emperador del mundo, sino también Dios, pero evidentemente los tiros les están saliendo por la culata.

Trump contra el mundo, y el mundo contra Trump

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Por Patricio Montesinos

El jefe del régimen de Washington, Donald Trump, protagoniza una cruzada sin precedentes contra el mundo, desde su retorno al poder en enero de 2025, con el propósito de imponer su dominio global, que puede terminar con la desaparición de su “imperio” o con una fatídica conflagración nuclear para la humanidad.

A su regreso a la Casa Blanca, el mandatario estadounidense emprendió una contienda arancelaria que impuso a la mayoría de los países, incluidos sus aliados europeos y potencias como Rusia y China, a la vez de intentar apoderarse del petróleo de las naciones mayores productoras del llamado oro negro.

Al unísono, comenzó a agredir con intensas campañas mediáticas a la Venezuela Bolivariana, a la que al inicio de este año atacó y secuestró a su presidente constitucional Nicolás Maduro y su esposa, actualmente encarcelados ilegalmente en EE.UU.  

Sin duda alguna, el “éxito” del Pentágono en la operación castrense en Venezuela envalentonó a Trump, quien pretendió con actos de piratería e intimidaciones convertirse en controlador de la transportación internacional del petróleo y dueño del mundo.

Con el pretexto de enfrentar el narcotráfico Washington militarizó las aguas del Caribe, y atacó a lanchas supuestamente vinculadas al negocio de los estupefacientes, provocando la muerte a personas inocentes.      

La cruzada enloquecida del inquilino de la Casa Blanca, y su ensañamiento con Irán, como sus predecesores, lo llevó a la guerra que le impone desde hace casi dos meses al país persa, junto con su histórico compinche Israel, al cual ha respaldado siempre en su genocidio del pueblo palestino, y en sus agresiones al Líbano y otros Estados del Oriente Medio. 

Trump no ha dejado de lanzar amenazas y ultimátums de todo tipo a Teherán, que ha demostrado no solo responder con firmeza y resistir, sino además causarle numerosas pérdidas de costosos artefactos militares y efectivos a sus adversarios.

Evidentemente el régimen de EE.UU., por su prepotencia y menosprecio a los pueblos y otras culturas, por cierto, milenarias, hizo muy mal sus cálculos acerca de su confrontación con Irán, y hoy está inmerso en un callejón sin salida y solitario.

La mayoría de sus fieles aliados europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) determinaron cerrar sus espacios aéreos a los aviones militares estadounidenses, y prácticamente abandonar a Washington a su suerte.

Trump está enfurecido con sus amiguetes de la OTAN por no responder a su pedido de sumarse a las presiones y un posible ataque terrestre a Irán para que abra el estratégico estrecho de Ormuz a sus barcos y los de Israel.

La posible acción por tierra contra la nación persa ha sido rechazada de igual manera por un grupo de generales del Pentágono, incluido el jefe de su estado mayor, y altos cargos de la Casa Blanca, quienes fueron despedidos, mientras congresistas y millones de estadounidenses demandan someter al presidente a un juicio político para destituirlo de su cargo.

Trump está herido, solitario, y acorralado, síntomas del fin definitivo del dominio unipolar de EE.UU., pero a su vez  es cruel e inhumano, lo que lo puede llevar a provocar antes de su aniquilamiento una confrontación nuclear.