El villano diabólico

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Por Patricio Montesinos

Me niego a mencionar su nombre y a publicar su imagen en esta nota porque la mayoría de los habitantes del mundo están hartos de ver su prepotencia, escuchar sus locuras, amenazas, intimidaciones y anuncios de guerras, como si el planeta tierra girara alrededor de uno de los peores villanos de la historia de la humanidad.

Todos sabemos de quien se trata, es un enfermo mental sin cura, que no respeta las leyes internacionales, ni la soberanía de las naciones, mata sin escrúpulos, alienta conflictos y pretende comprar o anexarse territorios independientes, al igual que hacerse con el petróleo y las riquezas naturales de los países.

Bombardea pueblos, bloquea estados, aplica aranceles, secuestra presidentes, impone mandatarios, se autodenomina un pirata, y con un descaro total cuenta los asaltos de sus militares a barcos que transportan crudo para apoderarse del preciado combustible.

Ofende y desafía una y otra vez a dignatarios de los cinco continentes, incluido al papa León XIV, hasta el punto de chantajearlos públicamente.

El diabólico villano, que se ha creído el emperador del siglo XXI, se burla de entidades globales, entre ellas de la ONU, y presiona incluso a sus aliados miembros de la castrense Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a los cuales además insulta. 

Es un mitómano porque miente de manera compulsiva y persistente acerca de cualquier asunto junto a sus colaboradores más cercanos, quienes le temen dado que corren el riesgo de ser echados del régimen imperial que encabeza.

El citado personaje demoniaco es acusado por sus conciudadanos de pedofilia, y ha demostrado ser un racista de la peor calaña con las caserías de migrantes que ha ordenado en su país, a los que encarcela, tortura y luego deporta si antes no mueren.  

Tiene a nuestro planeta y a sus habitantes al borde del abismo, y en tensión permanente porque su conducta agresiva y perversa puede llegar a desatar la Tercera Guerra Mundial.        

Pese a su abultado maletín de males, ha reiterado merecer y prácticamente exigir el Premio Nobel de la Paz, lo que constituye un grosero irrespeto.

Contrario a cualquier galardón, lo que merece con su voluminoso expediente de violaciones de los derechos humanos es ser destronado de su actual puesto, y sentado ante el banquillo de los acusados de un tribunal internacional de justicia. Pruebas sobran para condenarlo por crímenes de lesa humanidad. 

Cualquier similitud del susodicho con el fascista alemán Adolfo Hitler no es pura coincidencia, es una realidad.