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Fidel y el Che, firme amistad basada en principios y valores compartidos.

Sus vidas hablan más que las palabras, y sus ideas perduran en el corazón de todas las personas progresistas de la humanidad, dispuestas a continuar su obra y convertir en realidad sus aspiraciones, en beneficio de los pueblos

En la entrañable amistad que unió siempre al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y al comandante Ernesto (Che) Guevara de la Serna se cumple la afirmación del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, cuando dijo que «amigo es como ser de nuestro ser, como continuación de sí mismo».

Así lo demostraron ambos en el curso de sus vidas, desde esa lejana y fría noche de julio de 1955, en México, cuando fueron presentados por Raúl Castro. Tras varias horas de conversación, en la madrugada ya el Che era el médico de la expedición que viajaría en el yate Granma para liberar a Cuba de la tiranía batistiana.

Al momento de conocer a Ernesto Guevara, Fidel estaba a punto de cumplir 29 años, apenas dos años más que el médico argentino.

La empatía es el punto de partida de cualquier amistad, mucho más si esta se basa en principios y en valores compartidos, los cuales se manifiestan siempre, imperceptiblemente, al conversar sobre cualquier tema, unidos al respeto, al compañerismo, al desinterés, al altruismo y a la valentía personal.

95 años de Ernesto Che Guevara. La construcción social de su imagen de héroe (parte I)

 Por Patricia Pérez 

Los héroes, a no ser en la literatura, no se construyen con artilugios de prestidigitadores ni por la voluntad de un Dios; pueden llegar a ser mito, pero no sin hazañas cumplidas, sin excepcionalidad en el coraje o credibilidad ganada con actos. Sus virtudes y su ejemplo determinan la repercusión y conservación de su imagen en el cuerpo social, con los disímiles sentimientos que suscita su carácter único, inédito, en la infinidad de complejos matices inherentes a la diversidad de las sociedades humanas.

A Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como El Che ―apodo que cariñosamente se ganara en la guerrilla cubana―, se le suele ponderar como “la antítesis del hombre unidimensional”[1] por la multiplicidad de cualidades y facetas que cimentaron su personalidad de hombre trascendental, las cuales han hecho perdurar su imagen heroica en la memoria colectiva latinoamericana y del mundo, perpetuada por quienes lo conocieron, por los estudiosos de su palabra y su acción, por los enamorados de su verbo inspirador y poético, y por los continuadores de su pensamiento emancipador.

A la predominancia de su emblemática envergadura de héroe, tan necesaria para las aspiraciones de las mayorías y para los pueblos que luchan por un futuro más justo y luminoso, se oponen múltiples imágenes vehiculadas por los medios de información que defienden y sostienen la ideología del capitalismo y por libelos y textos académicos de variada índole, productos nacidos de un comercio al servicio de empresas y transnacionales que El Che mismo combatiera durante su vida. Así se ofrecen, insidiosamente, a la conciencia de muchos individuos y a las nuevas generaciones, desde el momento de su muerte verdades de mercachifle calzadas con pies de barro.