Por Enrique Milanés León. Cubaperiodistas.
Había nacido el 7 de abril de 1930 y su espíritu de rebeldía, cultivado desde la casa e influenciado por ideas de avanzada de profesores exiliados llegados a Cuba después de la Guerra Civil Española, despertó más aún con el golpe del 10 de marzo de 1952, de Fulgencio Batista, cuando ella no había cumplido los 22. Vilma Espín pensó que era el colmo que los tramposos no respetaran ni siquiera la receta de la llamada democracia representativa.
Cuando en su aula se enteraron del zarpazo, un profesor dijo, solo como un chiste, que si aquel «madrugón» era verdad había que alzarse, pero ella no lo sintió como broma: pensaba que sí, que en serio… ¡había que alzarse!
Así que cuando los soldados comenzaron a subir a su Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, Vilma y su amiga Asela de los Santos no solo tomaron las bocinas con aquellos versos de Guillén —«No sé por qué piensas tú, soldado que te odio yo, si somos la misma cosa…»—, sino que se les encararon, decía ella que «de frescas», a los intrusos que llevaban fusiles al lugar donde solo debía haber libros y lápices.







